domingo, 26 de abril de 2015

La oración de Fernanda

Un cuento muy simple que habla sobre la fe, el poder de la oración y el amor de Dios.
Lo recomiendo a los padres que quieran que sus hijos sean crezcan en la fe.



Fernanda era una buena niña, que se esforzaba mucho por ayudar a sus papás, ser obediente y cumplir con sus obligaciones en la escuela.
Un día, al llegar a su casa, vio que madre le había dejado un mensaje sobre la mesa:
Fernanda, ven rápido al hospital, tu abuelita está muy enferma.
La niña salió muy deprisa, pues su abuelita ya era muy anciana y su salud estaba delicada. Mientras se dirigía a pasos veloces hasta el hospital, se le venían a la cabeza todos los bellos momentos que ellas pasaron juntas; como ella la había cuidado desde muy pequeña cuando su mamá y su papá tenían que trabajar. No le salía de la cabeza la dulce mirada y la risa contagiosa de aquella hermosa mujer.
Llegando al hospital, trató de encontrar a su mamá, la cual estaba sentada muy solitaria y triste.
-          Mamá ¿Qué dicen los médicos? – preguntó la niña tranquilizando a la madre con una caricia en el rostro
-          Que debemos estar preparados hija, que sólo un milagro la salvará, pues su salud está debilitada y ya está muy viejita – dijo la madre mientras una lágrima rodó por su mejilla.
-          ¿Puedo verla?
-          Voy a preguntarle al médico
La madre se levantó y después de algunos minutos trajo la respuesta.
-          Tienes autorización, pero no puedes agitarla y debes ser breve.
La niña se colocó la ropa apropiada y entró al lugar donde su abuelita estaba. Aunque estaba pasando por una situación tan difícil, en su rostro reinaba una sonrisa y un aire de tranquilidad. La niña, muy triste hizo su oración:
-          Papito Dios, si es ésta tu voluntad, dale salud a mi abuelita para que pueda disfrutar más un poquito de su compañía aquí en la tierra – mientras oraba, una única lagrimita se le escapó de los ojos.
Al salir, algo había cambiado en su corazón, pues su tristeza y preocupación se transformaron en confianza; fue entonces a conversar con su mamá.

-          Mamá, algo en mi corazón me dice que ella se pondrá mejor. ¡Tengamos fe!
Esa lagrimita, que brotó del corazón y de la oración sincera de Fernanda, se evaporó y subió al cielo junto con el pedido de la niña y se encontró con el ángel guardián de la pequeña.
-          ¿Has escuchado la oración de Fernanda angelito?
-          ¡Claro que sí lagrimita! ¿Quién puede resistir a un pedido tan cariñoso? Dios ya ha preparado todo, ¡Fernanda se pondrá muy feliz!
Fernanda pasó la noche junto a su mamá en el hospital, a la mañana siguiente, muy temprano el médico las llamó y la madre se preocupó mucho, pues esperaba recibir la peor noticia, ya la niña se mostraba extrañamente serena y confiada,
-          Yo no sé cómo explicarlo, ¡nunca vi nada igual1- decía el médico agitado- Su madre tuvo una recuperación muy rápida y ya está mucho mejor. ¡Esto sólo puede ser un milagro!
Debe quedarse en el hospital por lo menos hasta mañana, pero está fuera de peligro.
-          ¿Podemos ver a mi abuelita? - Le preguntó Fernanda al doctor.
-          ¡Claro que sí!
Fueron inmediatamente a la habitación y vieron a doña Clara sentada en su cama, tomando su desayuno
-          ¿No me digan que pasaron toda la noche aquí? ¡Deben estar muy cansadas!. Fernandita ¿No deberías estar en el colegio?
-          ¿Cómo estás abuelita? Estábamos muy preocupadas.
-          Me siento mucho mejor. No sé qué es lo que pasó, sólo sé que de repente, sentí una energía muy grande dentro de mi cuerpo y unas ganas inmensas de vivir.
-          ¡Gracias a Dios! Yo le pedí con mucha fe que se hiciese su voluntad, y mira el regalo que me ha dado.
Las tres se dieron un fuerte y cariñoso abrazo. Al día siguiente, por la mañana pudieron volver para casa y durante un tiempo más, Fernanda pudo disfrutar del cariño de su abuelita

Querido amiguito:
Nunca te olvides del gran amor que Dios nos tiene y que muchas veces sus planes son diferentes de los nuestros. Es muy bonito cuando, desde pequeños aprendemos a respetar la voluntad y los tiempos de Dios.
Tampoco te olvides del poder de la oración. Una plegaria sincera que sale del corazón retorna a nuestras vidas en forma de bendición.
La lágrima sincera que Fernanda derramó subió al cielo junto con su oración y se transformaron en la salud de su abuelita y en mucha alegría.

¡Continuemos creciendo con salud y fe!

sexta-feira, 24 de abril de 2015

Gaia y el misterio de la vidamuerte

Desde antes de que Gaia naciese, Cronos hacía parte de la familia. Cuando José y María llegaron a la propiedad y dormían en  carpa  y sacos de dormir mientras construían el galpón, al día siguiente de la llegada, escucharon algunos ruidos entre los arbustos; sintieron miedo pensando que podría ser un animal feroz y cuando se aproximaron, recelosos, para ver, encontraron a Cronos quien estaba con una herida en la pata la que no le permitía apoyarla.
Se aproximaron lentamente, ganaron su confianza y luego María con unas pinzas retiró una astillita de madera que se le había incrustado entre las almohadillas de la pata. Luego le dieron comida y el buen perro nunca más se alejó.
Cronos era grande, imponente, su ladrido era majestuoso. Cuando él llegó María se recordó que cuando niña había tenido un perro parecido, con ese nombre. Ahora él era de la familia
Siempre dócil y compañero, desde que Gaia comenzó a explorara el mundo,  se convirtió en su juguete preferido: Era su caballo, su muñeca y muchas veces dormía sobre su barriga peluda mientras él vigilaba su sueño. Cronos era la compañía constante de José en sus días en el campo antes de Gaia nacer, pues después José perdió un compañero de trabajo y ganó un guardián de las mujeres de la casa. La pequeña, habitualmente en sus paseos por la parcela contaba con la compañía de Cronos y algunas veces era él su confidente y su paño de lágrimas cuando por alguna cosa le llamaban la atención.
Era una linda mañana, después de la hora del desayuno, cuando María se dio cuenta de que había usado los dos últimos huevos que estaban en el refrigerador;
-          Gaia ¿puedes ir a buscar algunos huevos por favor? Recuerda que debes tener cuidado y no dejes nerviosas a las gallinas.
-          ¡Claro mamá! Dijo la niña cogiendo una cesta y dirigiéndose al gallinero. Como de costumbre Cronos fue a acompañarla.
Entraron al gallinero y la niña estaba agachada recogiendo los huevos cuando vio que Cronos  ladró y se lanzó contra una serpiente que estaba muy próxima de ella y que asustada por su presencia, probablemente la atacaría. El perro no consiguió evitar llevar varias mordidas  en el cuello y en el hocico y se quedó en el suelo, sintiendo mucho dolor mientras la serpiente se alejó, escondiéndose entre unas cajas vacias.
-          ¡Papaaaaá! Gritó la niña con todas sus fuerza y rápidamente llegó José y María con el pequeño Inti en los brazos
-          ¡La serpiente está escondida entre esas cajas papá!
-          ¡Ten cuidado José!- gritó María
-          ¡No te preocupes, sé lo que hacer, por favor aléjense!
José cogió una vara con un alambre en la punta  y un saco, movió las cajas con cuidado hasta que visualizó al animal, luego la agarró con el alambre y la colocó en el saco, lo amarró y lo dejó colgado en un lugar seguro.
-          ¡Más tarde la voy a devolver a la naturaleza!  ¿Qué pasó Gaia? ¿Qué le pasó a Cronos?

-          Vine a buscar los huevos que mamá pidió y de repente Cronos había atacado a la serpiente que estaba muy cerca de mí; él me defendió. Fue mordido en el cuello y el hocico.

-          Voy a llevarlo inmediatamente al veterinario, es grave, pues la serpiente es venenosa. Cronos es un perro muy fuerte, pero ya está viejito. El veterinario más cercano está a unas 2 horas de acá, esperemos que él resista. Él ha salvado tu vida, Gaia.

-          ¡Esa serpiente es malvada! ¡No debería existir!- Dijo la niña llorando
Los padres entendieron que no era el mejor momento de enseñarle a la niña sobre esto.
-          Es la segunda vez que aparecen serpientes acá. Creo que tendrás que aprovechar, José, y traer algunos gansos para no correr más peligro.
José colocó al perro en la carrosa, llevó también el saco con la serpiente y fue hasta la casa del vecino más próximo para pedir prestada la camioneta para así  llevar al perro más rápido hasta el veterinario. Cronos reclamaba de dolor y sangraba mucho.
Gaia pasó el resto del día muy triste y ansiosa esperando noticias de su perro.
Al llegar la noche, Gaia supo que su padre había llegado por el ruido de los gansos que traía y el galope del caballo de la carrosa. Salió corriendo de casa y vio el cuerpo de Cronos inerte. Corrió llorando hasta a su dormitorio; allí se recostó y continuó su llanto noche adentro y muchas preguntas venían a su cabeza:
¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué la madre tierra le había hecho esto? ¿Por qué tienen que existir las serpientes y ellas tienen que ser venenosas? ¿Qué habría sucedido si Cronos no hubiese estado allá? Esa noche Gaia sólo paró de llorar cuando se durmió. Sus padres decidieron dejarla vivir este momento solita, por eso no fueron a hablar con ella.
-          Es importante que viva el dolor. Va a pasar varias veces por situaciones como ésta y debe estar preparada – Le dijo María a José mientras sufrían al ver la tristeza de la pequeña.
Al día siguiente despertó y vio que su padre estaba a unos 50 metros de la casa haciendo un hoyo para enterrar a Cronos, ella no dijo nada, no hizo nada. Unos minutos después estaban todos a la mesa para desayunar y Gaia preguntó
-          Papá ¿Por qué trajiste a Cronos de vuelta? ¿Por qué no lo dejaste en la ciudad?]

-          Gaia, porque éste es su lugar, es acá donde él va a volver a hacer parte del ciclo de la vida, es aquí donde él se va a reencontrarse con la vida.

Gaia permaneció en silencio el resto del desayuno. Al terminar José pidió a todos que fuesen hasta el lugar en que el perro sería enterrado. El cuerpo del can estaba ya en la tierra y José había preparado mudas de bellas flores, las cuales estaban colocadas cerca de donde descansaría Cronos.
-          No es fácil entender la vida , Gaia , y mucho menos la muerte; pocas personas paran para pensar el hecho de que comenzamos a morir en el momento en que nacemos y que la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda. La muerte no es mala, hija mía, es el inicio de una vida nueva, es volver a integrarse a un ciclo. – Explicó María con una voz muy dulce y tranquila, mientras acariciaba la mano de su hija y la miraba fijamente a los ojos, los cuales estaban inundados de lágrimas incontenibles.

-          Muchos pueblos viven la muerte como un momento de fiesta, nosotros en nuestra cultura, en nuestra forma de pensar, vemos la muerte de forma negativa, con tristeza. Sabes Gaia, un hombre muy sabio, llamado Francisco de Asís, llamaba a la muerte de “Hermana muerte” – Agregó José quien no conseguía disimular que estaba muy triste por la partida de un gran amigo.

-         Cronos no estará más entre nosotros, físicamente, pero nos quedarán los recuerdos de los momentos que pasamos juntos. Propongo que para despedirnos de él, cada uno de nosotros coloque un poco de tierra sobre su cuerpo y recuerde un momento que vivió con él. Comienza tú José.- Dijo María

-          Yo me recuerdo del primer día en que él llegó a nuestras vidas, recuerdo cuando tú, María, lo colocaste entre tus brazos y le sacaste la astilla de la pata. Cronos habló con la mirada y dijo: ¡Gracias!, creo que nunca te comenté esto.- José se levantó, cogió la pala y colocó tierra sobre el perro.

-          Un día tú fuiste a la ciudad José, antes que Gaia naciese, creo que fue la primera vez que fuiste a hacer compras. Cronos corrió atrás de la carreta en que habías salido hasta casarse ¿Te recuerdas? Cuando se cansó de correr, volvió hasta casa y se quedó en la entrada durante todo el día, no salió de allí hasta que tú volviste.- María se levantó realizó el mismo gesto.

-          Me recuerdo de la última vez que estuve enfermita en cama; Cronos no salió de mi lado ni un momento. Gaia se levantó y colocó un poco de tierra y le mandó un beso - ¡Te voy a extrañar! ¡Gracias por cuidarme! ¡Gracias por todo!

José terminó de colocar tierra y después cubrieron con hermosas mudas de flores el lugar donde descansaría Cronos para siempre.
Gaia continuo pensativa durante todo el resto del día, no jugaba como era de costumbre, estaba sentada, en silencio, se paseaba por la sala, salía a caminar por la parcela. Notoriamente estaba pensando, sintiendo profundamente lo que le estaba pasando pues era la primera vez que vivía  el sentimiento de perder a alguien. Aprovechando que Inti estaba durmiendo un poco, María se le acercó para poder conversar.

-           ¿Cómo estás Gaia? – Le preguntó mientras acariciaba sus cabellos y la abrazaba
-          No sé mamá, mi corazón está apretado; estoy muy triste. Me siento culpada y a la vez agradecida, pues él salvo mi vida. Mi cabeza está llena de los momentos que pasamos juntos y fueron muy lindos.
No entiendo por qué tienen que existir animales venenosos, no entiendo lo que esa serpiente estaba haciendo en el gallinero ¿Por qué ellas tienen que existir? ¿Por qué la madre tierra permite que ellas vivan? ¿Por qué existe la muerte?

-          Hija, la muerte existe porque existe la vida y la vida existe porque existe la muerte ¿Caminemos un poco? – invito María ya levantándola – Cuando el fruto se pudre en el suelo él no se pierde, el vuelve a la tierra y se integra a un ciclo que nunca acaba. Todo en la naturaleza se encuentra en un equilibrio perfecto y extremamente delicado, en que, por ejemplo, el número de ranas que hay en la laguna no puede ser muy grande, pues si hay muchas no habrá alimento suficiente; de esa forma es bueno que hayan animales que se alimenten de las ranas ¿entiendes? Sé que tal vez eres muy pequeña para poder comprender, pero nada mejor que conversar esto desde ahora.
-          Creo que estoy entendiendo mamá.
-          Fíjate Gaia – dijo María mientras pasaban por el lado de un viejo tronco – Este árbol ya no está vivo, pero si pones atención él hace parte de la vida – María movió el troco y debajo de él habían muchos insectos, gusanitos y hongos - ¿Te das cuenta pequeña?
-          Pero ¿Por qué tienen que existir animales malos? Preguntó Gaia con un poco de rabia en la entonación
-          Mi amor, no existen animales malos. Piensa conmigo: Si hay una inundación, o un terremoto, o un volcán hace erupción… ¿significa que la Madre Tierra es mala?
-          Mmmmmm…. ¡no!
-          Gaia ¡muchas personas perderán sus casas y algunas incluso pueden morir…!
-          Mamá, es natural que esas cosas sucedan
-          ¡Perfecto hija! La naturaleza es así, las cosas funcionan así, la vida es así, todo esto es un gran misterio delante del cual, lo único que podemos hacer es maravillarnos. El hombre con todo su conocimiento, con todo su desarrollo no consigue ser más que la Madre Tierra. Esto es un maravilloso misterio
-          Entonces la serpiente no es mala, ella simplemente es serpiente y actúa como una serpiente.
-          Así es hija, cabe a nosotros respetarla. Ella estaba buscando alimento en el gallinero, solo quería comida. Cronos te defendió movido por algo mucho mayor que el propio instinto, él dio la vida por amor ¡Y hay quien dice que los animales no pueden sentir amor!
-          Mamá ¿Este dolor que estoy cargando en el corazón va a pasar?
-          Sí mi amor el tiempo va a apagar todo ese dolor, pero jamás borrará el recuerdo de nuestro amigo.

Y así, a cada día que pasaba. La pequeña Gaia iba transformándose, como todo en la Madre Tierra.

terça-feira, 21 de abril de 2015

Gaia y el valor del descanso


La Madre Tierra es una maestra brillante y ella se nos muestra constantemente, pero, al parecer Gaia tenía una sensibilidad especial  para aprovechar sus enseñanzas y así irse convirtiendo en una niña muy sabia a sus cortos años.
Lógicamente que en este camino, contaba con  ayudantes maravillosos que le ayudaban a descifrar muchas cosas que a veces saltaban delante de sus ojos  como grandes descubrimientos y que le serían útiles para toda la vida: su familia.
Aun con toda esa sabiduría, pasados algunos meses le era difícil a la pequeña ajustarse a la llegada de su  hermanito Inti. José y María se daban cuenta que la pequeña trataba de todas las formas de llamar la atención, sobre todo de María
-          José, me estoy sintiendo un poco cansadita. Inti  absorbe gran parte de mi tiempo y atención y cuando creo que voy a poder descansar un poquito porque el bebé se durmió, viene Gaia y quiere que juegue con ella, que le cuente cuentos, que salgamos juntas a caminar. ¿Tú crees que ella entenderá si le digo que estoy cansada y que quiero estar tranquila un poco? – Preguntó María, aprovechando uno de los pocos instantes durante el día en que los dos hijos estaban descansando.


-           María, yo creo que no está siendo nada fácil para nuestra hija acostumbrarse al hecho de tener un hermanito. Antes tenía toda nuestra atención y ahora ella comprende que estamos multiplicando nuestro tiempo, cariño y cuidados. No te preocupes, mañana voy a conversar con ella – Dijo José, lleno de comprensión y ternura mientras acariciaba los cabellos de María. Él no sabía si ella había escuchado o no lo que él había dicho, pues cuando termino de hablar, ella ya dormía.
Al día siguiente, muy temprano, antes del día amanecer, José se levantó y fue hasta el dormitorio de Gaia y la despertó.
-          Vamos, despierta, tenemos muchas cosas que hacer – dijo mientras le hacía cosquillitas en la barriga.

-          Papá, es muy temprano y estoy con mucho sueño, déjame dormir.


-          ¡No! Tenemos muchas cosas que hacer. Vamos, vístete que yo te ayudo.
El papá cogió la ropa de Gaia y la ayudó a vestirse mientras ella no acordaba muy bien todavía. La llevó al baño le lavo la cara, la peinó, le cepilló los dientes con mucha delicadeza y cariño, todo esto mientras ella despertaba poco a poco.
-          ¡Vamos a tomar desayuno!

-          Papá estoy con sueño, déjame dormir ¡por favor!
-          Vamos Gaia- dijo el padre mientras le preparaba una taza de leche, le cortaba algunas frutas y le tostaba un pedazo de pan – Aliméntate bien, pues el día será muy largo.
Ya un poco más despierta, Gaia y su padre salieron de la casa cuando los primeros rayos del sol estaban clareando el día y fueron hasta el gallinero. Gaia se dio cuenta de que no había el ruido habitual, que se escuchaban pocos cacareos y que el gallo ya había empezado a cantar.
-          ¡Te das cuenta papá! hasta las gallinas están durmiendo y yo estoy aquí contigo.

-          ¡Vamos a ver los otros animales!- exclamó el papá animado.
Y así lo hicieron sin encontrar gran movimiento, pues apenas estaba comenzando el día. Las vacas, los caballos, los puercos y los otros animales estaban comenzando lentamente a despertar.
-          ¡Vamos a ver las plantaciones! Dijo el papá mientras caminaba animado

-          Papá, estuvimos ayer allá, ¿Qué puedo ver de nuevo?


-          ¡Siempre hay algo nuevo!  Nunca se ve dos veces la misma cosa, nada es nunca igual ¡Todo cambia! Hija mía, la Madre Tierra siempre nos sorprende, pero no todas las personas consiguen ver los regalos que ella nos da. Para algunos simplemente un día es igual a otros tantos, para otros pocos ella siempre hace nuevas todas las cosas- Gaia no dijo nada, pero nunca se olvidó de estas palabras de su padre.
Llegando a la plantación José se sentó delante de una parte de la tierra que no estaba siendo cultivada. Mientras las otras partes del suelo habían sido sembradas y producían frutos, esta  porción de tierra sólo recibía los cuidados diarios de José. La pequeña también se sentó, sin entender muy bien lo que pasaba.
-          ¿Te das cuenta que esta tierra no fue plantada y por lo tanto este año no dará frutos?-  preguntó José.

-          Papa, no has plantado nada en ella, sin embargo, me recuerdo que el año pasado en este pedazo de tierra plantamos zanahorias y fue muy generosa con nosotros

-          ¡Muy buena memoria Gaia! no porque esta tierra no esté plantada es que no está produciendo, ella no dará frutos para nosotros, pues toda su fuerza y vitalidad son para ella misma. Así como ella fue muy generosa con nosotros el año pasado, con todo el respeto y cariño yo la estoy cuidando este año. Algunos vecinos que miran esta tierra sin producir, la ven como inútil. ¡No existe eso! toda tierra es absolutamente necesaria. Esta tierra durante este año está descansando.
El próximo año vamos a plantar en ella otra cosa, no zanahorias y otra parte de la tierra va a descansar. No sé si te has dado cuenta, pero es este pedazo de tierra el que más cuido, al que más tiempo le dedico, el que abono con más cuidado.
-          Nunca había pensado de esa forma papá, entonces ¿la tierra necesita descansar?- preguntó Gaia.
-           
-          No sólo la tierra, respondió José, todo y todos necesitan descansar conforme su necesidad. No se trata de un tiempo perdido, de un tiempo inútil es un tiempo de preparación. Conseguimos trabajar y vivir con salud si cuidamos de nuestros momentos de descanso. Uno de esos momentos importantes es en el que dormimos.

-          ¡Entendí! Por eso tú y mamá me hacen ir a dormir temprano y no me dejan quedarme despierta hasta tarde, para que así pueda descansar bien… ¡y por eso hoy me despertaste temprano, para que viese cómo es importante dormir y que toda la creación también tiene su tiempo de descanso!

-           
-          ¡Exactamente pequeña!- dijo el papá, satisfecho con las respuestas de Gaia- ahora déjame preguntarte ¿Cómo crees que está siendo el descanso de tu mamá?
La niña se detuvo a pensar por algunos instantes y luego respondió
-          Creo que ella no está descansando mucho, pues continua con todas las actividades que ya tenía y ahora está multiplicando su tiempo, amor y dedicación para cuidar también de Inti. Creo que ella debe estar un poco cansada.

-           Tú no lo sabes, pero cuando eras un bebé despertabas llorando varias veces por la noche y demorabas bastante para dormir de nuevo. Entonces tu madre también despertaba e iba a cuidarte hasta que durmieses de nuevo.
Cuando tus dientes estaban naciendo me recuerdo que varias veces tu mamá pasó gran parte de la noche despierta, pues te incomodaban mucho. Con tu hermanito no está siendo diferente.

-          ¿Cómo puedo colaborar para que mamá pueda descansar? Yo trato de cuidar a mi hermanito y ayudar en lo que puedo.

-          Pequeña, yo creo que tanto tú como yo debemos colaborar para que tu madre pueda descansar más y mejor. Hoy has aprendido sobre la importancia del descanso, has entendido que es un tiempo de preparación, de reposición; es el momento donde recuperamos nuestras fuerzas para poder servir más y mejor.
 Vamos a hacer lo siguiente; siempre que Inti esté quietecito o durmiendo vamos a ayudar a que mamá pueda descansar; tratemos de dejarla solita y en silencio. Es una forma de demostrarle cuanto la amamos.

-          Papito, sé que algunas veces no he dejado a mamá descansar lo suficiente, pues cuando Inti duerme yo quiero que ella sea solo para mi, entonces le pido que juegue conmigo, que me lea historias o que salgamos a pasear.

-          Mi amor, ella no será sólo para ti, tienes que multiplicar ¿Te recuerdas? Aprende con la generosidad de la Madre Tierra que se multiplica para todos. Vamos a hacer un trato: cuando mamá esté descansando puedes ir donde yo esté,  que te contaré historias y jugaremos juntos. ¿podemos hacerlo de esta forma?

-          ¡ Claro que sí papa! ¡Me gusta mucho estar contigo! ¿Puedo ayudarte hoy en tus labores?

-          ¡Claro que sí hijita! ¿Vamos?

-          ¡Vamos! - Y fueron juntos a trabajar hasta la hora del almuerzo. No le contaron nada a María sobre lo que había pasado.

A partir de ese día Gaia fue más consciente y respetuosa del tiempo de descanso de los otros y del proprio; entendiendo, por ejemplo, la importancia de tener una buena noche de sueño. María, por su parte, se dio cuenta de que algo había cambiado.

segunda-feira, 20 de abril de 2015

La pequeña Gaia aprende la otra parte del cuidado


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Un día Gaia despertó más temprano que de costumbre y fue inmediatamente hasta dónde estaba su hermanito Inti para esperar que abriese los ojitos, como lo hacía todos los días; fueron pasando los minutos y nada de Inti despertar y como la paciencia no es una de las virtudes de nuestra amiga, se aburrió de esperar y decidió ir hasta la cocina, pues estaba con un poco de hambre.
En el camino se fue dando cuenta que el día estaba apenas comenzando y que , por lo tanto, nadie en la casa había acordado todavía, lo que le pareció una excelente oportunidad para demostrarle a sus padres como ella ya era grande y responsable, además de independiente. Para esto  estaba dispuesta a prepara ella misma su desayuno.
Entró en la cocina y el primer obstáculo que debía enfrentar era alcanzar la altura para poder encender la luz,  estaba oscuro, entonces no consegía ver dónde estaban las sillas de la cocina, las cuales le podrían servir de ayuda. Entonces fue hasta la sala y cogió un gran almohadón, lo colocó en el suelo y subió sobre él, entonces se dio cuenta de que la altura aun no era suficiente. Volvió a la sala y trajo otro gran almohadón el cual colocó sobre el anterior y luego se encaramó con dificultad y ahora sí pudo encender la luz.
El segundo paso sería alcanzar su tazón que estaba encima del armario, para eso le pareció que ahora podría usar una silla. La arrastró con dificultad y se subió encima, se puso en punta de pie y consiguió alcanzar su tazón, sin pensar en el peligro que estaba corriendo. Encima de la silla y con el tazón en la mano se dio cuenta que la dificultad ahora sería bajar de la silla sin dejar caer el tazón, por lo cual, necesitaría de atención y cuidado; entonces sujetó firme la taza con una mano y con la otra se apoyó para poder bajar; el balance era que, hasta el momento, no había sido tan difícil.
Silenciosa fue hasta la huerta y cogió unas frutas para comer, luego, volviendo a la cocina, su intención era lavar las frutas, sin embargo, más una vez el problema de la altura en que estaba la llave de agua no le permitía ejecutar esta misión sin la ayuda de la silla. Así lo hizo, sin darse cuenta una vez más, de los peligros que estaba corriendo.
Ya tenía la taza, las frutas lavadas, ahora faltaba la leche. Ella sabía que si su padre no había despertado todavía, aun no había ordeñado la vaca, pero también sabía que siempre dejaba  un poco almacenado en el refrigerador; esto sería lo más fácil, pues ella conseguía abrirlo, con lo que ella no contaba era que la jarra con leche estaba en la última bandeja, la cual era demasiado alta , incluso si se ayudase de la silla.
Llevó la silla hasta el refrigerador y después de subir en la base, ella se encaramó en el respaldo para poder alcanzar la jarra; No fue tan difícil, aunque le dio un poco de miedo y no fue tan fácil equilibrarse. Ya había cumplido con su objetivo cuando entró su madre en la cocina, pues había despertado, ido en busca de Gaia y sentido falta de ella en su dormitorio; al sentir ruido en la cocina supuso que la pequeña estaba aquí. Al ver la escena de la niña sobre el respaldo de la silla con la jarra en la mano, la madre no contuvo el grito de espanto:
-          Gaia  - Con lo que la niña dejó caer la jarra, se desequilibró y habría caído si no fuese que su madre consiguió sujetarla.
La pequeña estaba muy asustada por lo que había sucedido y por el grito de su madre, con lo que se puso a llorar. Con el ruido del grito y el llanto de Gaia, José despertó alarmado y fue a ver lo que pasaba.
-          ¿Que le pasó a Gaia, María? – preguntó preocupado.
-          Ha sido imprudente y no ha obedecido, pues ya le hemos dicho muchas veces que es peligrosos que se suba en las cosas, que siempre debe pedir ayuda y  esperar a que los adultos la supervisen – dijo María notoriamente enojada
-          ¿Por qué has hecho eso, Gaia?
La niña no conseguía hablar pues continuaba llorando y sollozando, mientras María barría los restos de vidrio y secaba la leche que estaba en el suelo. El padre se aproximó, la abrazó y esperó que se calmase. Cuando ya estaba más tranquila explicó:
-          Yo soy grande, sé hacer las cosas sola, no necesito de la ayuda de ustedes, pues ya no soy más un bebé. Desperté temprano y estaba con hambre, entonces vine a preparar mi desayuno. Lo que pasa es que mamá ya no me quiere más, ella sólo quiere a inti y por eso ella pelea conmigo – dijo la niña con los ojos llenos de lágrimas. La madre al oír esto se aproximó a Gaia y la abrazó.
-          Hija, aun cuando seas adulta vas a necesitar de pedir ayuda a las otras personas. Cuando crezcas podrás hacer muchas cosas sola y para otras tantas necesitarás de nosotros. Me enojé contigo, por causa de tu desobediencia, es verdad, pero fue mucho más el miedo que sentí pues estabas en peligro; pues cuando amamos cuidamos.
Hay una dimensión del cuidado que no es tan fácil de entender, hija mía. Muchas veces vamos a percibir el cuidado como una llamada de atención, como un regaño o como un castigo. En esos momentos tú vas a decir “es que mis papás no me quieren, por eso llaman mi atención” cuando lo que sucede en realidad es que, por el amor que tienen por ti, ellos deben cuidarte y lo que es más difícil, debemos enseñar a que tú te cuides sola.
Quiero que sepas ,Gaia, que  cuando tu papá o yo tenemos que llamar tu atención y tú te pones triste, a nosotros nos duele mucho, pero es necesario.
-          Mamá – dijo Gaia- discúlpame, es que a veces es difícil entender el cuidado. Trataré de ser más obediente y cuidadosa y no me voy a encaramar en las cosas, pues si hoy no me hubieses sujetado, me habría caído y machucado.
Mientras ellas conversaban, el papá ya había ido a ordeñar la vaca y entró en la cocina trayendo la leche fresca y calentita. Madre e hija estaban abrazadas y Gaia había aprendido más una lección.
-          Tomemos desayuno rápido, antes que Inti despierte – Dijo María
-          ¡ Guaaaaaa, Guaaaaaa! – se escuchaba el estruendo en la casa

-          ¡Demasiado tarde! Exclamó José.

domingo, 19 de abril de 2015

Gaia: Saber cuidar


Como la mamá se lo había prometido, pasó el invierno, llegó la primavera y en una mañana de aquellas en que, en las primeras horas del día, todo está cubierto de rocío, Gaia despertó con una agitación extraña en la casa. Vio a su padre salir a caballo ansioso y a su madre sentada en la sala en un gran almohadón frente a la ventana desde donde se podía contemplar las montañas y  el bosque. Cuando la niña se aproximo a su madre, ella le anunció:
-          Tu hermanito va a llegar – Aunque no sabía si sería niño o niña, la mamá tenía en el corazón la seguridad de que sería un varón.
Gaia simplemente se arrodillo y comenzó a hacer cariño y a besar la barriguita de la mamá.
-          Serás muy bienvenido  - le dijo con dulzura.
Poco tiempo después estaba su padre de vuelta y casi enseguida llegó la partera, la misma que había traído a Gaia al mundo.
-          Cómo has crecido Gaia ¡Que Dios te bendiga! - Dijo la vieja mujer mientras la niña le besaba las manos, tal como sus padres le habían enseñado.
La mujer saludó a María y juntas entraron en la habitación, mientras José y Gaia esperaban andando por la casa de un lado para otro sin poder esconder la ansiedad. Juntos salieron al bello jardín y en silencio hicieron sus oraciones a la Madre Tierra, quien ya los bendecía con un día maravilloso.
Unas horas después  Isabel, la partera, se asomó a la puerta del dormitorio para anunciar que había llegado al mundo un bello varón. José abrazó  a su hija y la giró repetidas veces con una alegría indescriptible.
-          ¡Un hermanito Gaia! ¡ Un hermanito! Has ganado un compañero
Rápidamente entraron en el dormitorio y vieron a María radiante y tranquila, con el pequeño en los brazos. José se arrodillo al lado de la cama y besó la mano de Maria.
-          Gracias María por este nuevo regalo que me das.  Gracias por hacer posible el milagro de la vida. ¡Te amo!- José decía esto mientras una lágrima rodaba por su mejilla
-          Este milagro es tan tuyo como mío José ¡Te amo! – Dijo María con una serenidad envidiable.
Gaia se aproximó a su madre y delicadamente le dijo lo que estaba llenando su corazón
-          ¡Te amo mamá! ¡Bienvenido hermanito! Dijo la niña acariciando delicadamente la mano del bebé.
José, María y Gaia cumplieron con el ritual de besar las manos y agradecer a Isabel, quien lloraba silenciosa y conmovida al ver el cariño que reinaba en esta familia.
-          He traído a muchos niños al mundo, conozco muchas familias, pero sin duda, desde el momento en que entro en este hogar, mi corazón se llena de algo diferente. Es una familia especial.
Me siento honrada de haber traído a este mundo a Gaia y ahora a este pequeño. Algo me dice en el fondo de mi corazón de que ambos harán de este mundo un lugar mejor.

-          Su nombre será Inti, que representa el sol para los incas – Dijo José - Escogimos este nombre junto con tu madre de la misma manera como escogimos el tuyo Gaia, pensando en aquello que soñamos para nuestros hijos: que sean felices y aprendan con la naturaleza, nuestra gran maestra
-           
-          Me gusta ese nombre – dijo Gaia.
 Isabel luego se despidió y se fue de prisa, pues nunca sabía cuando otra mamá la iba a necesitar; José , por su parte, fue a dedicarse a los cuidados de la familia pues hoy le tocaba preparar la comida para su hija y su esposa; Gaia por su parte, no salía del lado de Inti y de su madre.
-          Voy a amamantar por primera vez a tu hermanito – anunció María mientras la pequeña acompañaba todo con mucha atención.

-          ¿También me alimentaste así mamá? – preguntó curiosa

-          ¡Claro que sí Gaia!  Dijo la mamá con una sonrisa.
Desde ese momento era muy raro que la pequeña se separarse de Inti. Al llegar la noche, ella era cargada ,ya dormida, por José hasta su cama cuando caía en el sueño, siempre al lado de su hermanito. Al día siguiente despertaba muy temprano y ya iba a estar al lado del pequeño para esperarlo despertar.
No era necesario que María le pidiese que cuidase de su hermano cuando ella se levantaba para alguna cosa, pues Gaia parecía que entendía perfectamente cual era su misión. José y María pensaron que sería sólo por los primeros días, por causa de la novedad; sin embargo, las semanas fueron pasando, María volviendo lentamente a retomar sus actividades y Gaia siempre atenta a  su hermanito.
Era una relación de responsabilidad muy natural que nacía de la niña y que le causaba una gran satisfacción, lo que fue llamando la atención de María y José, quienes querían entender que es lo que su hija estaba pensando y sintiendo.
En una tarde, mientras estaban a la mesa tomando un delicioso té de hierbas que María había cogido en el jardín,. decidieron preguntarle a la niña.
-          Gaia ¿ Qué te está pareciendo tener un hermanito? ¿Te gusta cuidarlo? ¿Te sientes responsable por él?- Preguntó María.
La chiquita permaneció en silencio por algunos segundos, como quien está ordenando los pensamientos y luego dijo:
-          Mamá, lo que hago con mi hermano es aquello que más he aprendido de ustedes, CUIDADO. Yo cuido de mi hermanito de la misma forma en que ustedes cuidan de mí, como mi papá te cuida, como tú cuidas de papá. Cada uno vive por el otro, eso es amor ¿No es verdad?¿Estoy siendo una buena hermana?
José y María estaban muy felices de conseguir que Gaia se diese cuenta, de forma tan clara,  de ese amor y cuidado que reinaban en la familia; de la misma forma, se sentían asombrados con la sabiduría  de sus palabras.
-          ¡Claro que sí Gaia! – respondió José – Sabemos que estás haciendo lo mejor que sabes hacer, es eso lo que nos deja orgullosos.
-          Hija mía- dijo la mamá – el cuidado es el principio de la naturaleza, lo que hacemos cuando cuidamos de nuestra familia es lo mismo que la naturaleza hace con todo y con todos ¿Te has dado cuenta de lo que la gallina hace con sus pollitos? ¿de lo que la yegua hace con sus potrillos? ¿De lo que la gata hace con sus cachorritos? Es el cuidado y la dedicación que la madre tiene con sus hijos.
-          Yo cuando cuido de la tierra – dijo José- estoy retribuyendo un poco del inmenso cuidado que ella tiene por todos nosotros. Cuidamos de la naturaleza porque es una forma de agradecer por el cuidado infinito que ella tiene por nosotros. Somos responsables por ella, así como ella es por nosotros.
-          El secreto de la vida es saber cuidar – sentencio María, mientras se levantaba y besaba a Inti, a Gaia y a José.

Con mucho amor y cuidado, la vida de esta familia era cada vez más feliz y plena.

sábado, 18 de abril de 2015

Gaia: aprende a multiplicar.


La pequeña Gaia esperaba ansiosa la llegada de su hermanito o hermanita, ya no preguntaba más sobre cuánto tiempo faltaba, aunque las ganas estaban siempre allí; su madre le había explicado que nacería después de que el invierno pasase.
Si hay algo que no se detiene, es el tiempo. El invierno fue pasando y la familia fue aprovechando para los preparatorios del nacimiento. Los padres de Gaia decidieron no querer saber si era un niño o una niña, pues lo que la Madre Naturaleza mandase, ciertamente, sería lo mejor. María tejía la ropa ahora no sólo de Gaia, sino también del futuro miembro de la familia; José hacía juguetes no sólo para Gaia, sino también para su hermanito o hermanita. Todo esto no dejaba a la pequeña
Cuando llegó la primavera la pequeñita sabía que la hora se aproximaba, además, el tamaño de la barriga de María revelaba que se aproximaba el momento. Todos los días Gaia reservaba una parte de su día para acariciar y conversar con el bebé que estaba por llegar; de la misma forma, al final del día, José reunía a todos en algún lugar de la casa para contar un cuento que él decía que ya no era sólo para Gaia, sino también para el nuevo miembro de la familia. Eso era más un motivo para dejar a la pequeña con una pulguita atrás de la oreja.
Un día de esos, Gaia salió a caminar por la parcela en compañía de Cronos, uno de los perros con los que jugaba y conversaba desde que tenía consciencia.Caminaron hasta la huerta y se sentaron bajo un árbol. Gaia estaba pensando, de la forma toda especial en que piensan los niños de su edad, como iría a ser tener a alguien con quien dividir la atención del papá y de la mamá; cómo iría a ser la sensación de no ser la ya la única niña en casa, como iría a ser tener que dividir las cosas. Pensaba todo esto mientras acariciaba a Cronos y sin saber que desde lejos era observada por María.
Después de algún tiempo ella volvió a casa y durante el resto del día se le notaba pensativa, preocupada. Un poco después del almuerzo se aproximó a su madre y acariciando al bebé le preguntó
-¿Vas a tener amor suficiente para nosotros dos?
- ¡Claro que sí! Respondió la madre con una sonrisa en el rostro que en parte demostraba la gracia que le había causado la pregunta y en otra la preocupación que le produjo. La madre comprendió que era esto lo que afligía a la niña y lo comentó con José, quien inmediatamente fue pensando en la forma cómo podría explicarle a Gaia sobre la necesidad de saber dividir con el nuevo miembro de la familia.
Más o menos a las cinco de la tarde, la niña oyó el llamado insistente de su padre
-          Estoy aquí papá - Dijo la niñita levantándose de un salto, pues estaba recostada sobre Cronos, mientras jugaba con unas hojas secas de diferentes tamaños y formas que había recogido en el patio y guardado en una caja.
-          ¡Vamos a pasear! Dijo José animado, sabiendo que eso le iba  a encantar a su hija.
-           ¿Dónde vamos papá?
-          Ya lo verás
Y  salió el padre junto con su pequeña no sin antes despedirse de María. Fueron caminando al principio como sin rumbo, hasta que José dijo:
-          Vamos a seguir a esa mariposa- y así lo hicieron, lo que dejó a Gaia extremamente feliz.
-          - Observa Gaia- dijo José- La mariposa se posa en cada una de las flores, tiene tiempo para todas, dedica atención a todas- y se quedaron por largos instantes viendo como el bello insectos de alas multicolores se paseaba de flor en flor.
Continuaron caminando y siguiendo a la mariposa hasta llegar en una planicie donde había  muchos árboles, algunos de ellos dando frutos. Muchos pájaros iban a alimentarse de ellos,  por lo que en el lugar había una bella sinfonía de cantos de las más diversas tonalidades.
-          ¿Quién alimenta a los pájaros Gaia?
-          L a Madre Naturaleza, papá
-          ¿Ella le deja faltar algo a alguno de ellos?
-          No papá, la Madre naturaleza no le deja faltar nada a nadie, ella es siempre justa con todos.
-          ¡Bella respuesta Gaia! ¿Sabes quién plantó estos árboles aquí?
-          Tú y mamá, ¡Seguro!
-           No Gaia, fue la propia Madre Naturaleza que los hizo crecer aquí. Cuando llegamos a este lugar, donde nadie había vivido antes, nos encontramos con los árboles llenos de frutos ¿Sabes por qué no colectamos todos los frutos de los árboles y aquellos que no vamos a consumir los vendemos?
-          No sé papá
-          Porque no necesitamos hacer eso, tenemos lo suficiente para vivir felices. Si sacásemos todos los frutos, los pájaros no tendrían alimento - Fíjate, la mariposa se está alejando, ¡Vamos!  - Dijo el padre
Continuaron caminando y encontraron la cascada y el rio, donde habitualmente en los días de calor la familia venía a bañarse y a pescar. La mariposa comenzó a visitar las bellas flores que allí crecían y el padre y la pequeña se sentaron y observaron que algunas aves se aproximaban al agua o para beber o para bañarse. El padre le mostró a Gaia algunas marcas en el suelo.
-          Tú ya sabes lo que son ¿no es verdad Gaia?
-          Sí papá, me lo has enseñado desde pequeña, son las huellas de algunos animales. Esa es de un puma, esa es de un conejo, esa de un zorro – fue indicando la chica con habilidad y seguridad.
-          Muy bien Gaia, probablemente ellos estuvieron aquí ayer por la noche, vinieron a tomara agua ¿El agua está a disposición de todos?
-          Claro que sí papá, el agua es generosa, como la Madre Naturaleza, y no le deja faltar a ninguno de sus hijos.
Parecía que la educación que José y María estaban dándole a Gaia y la forma como ella estaba creciendo, rodeada de amor, dedicación de sus padres y en contacto con la naturaleza la hacían una niña especialmente sabia y que en sus palabras demostraba la madurez de una niña de mucho más edad.
-          Creo que ya has entendido- dijo el padre mientras empezaba a caminar
-          ¿ Qué entendí papá? Respondió la niña.
Continuaron caminando en silencio en dirección a la casa. Gaia se preguntaba cual era la lección que había aprendido mientras el papá esperaba el momento preciso para el cierre de esta clase magistral que la Madre Naturaleza les había brindado.
-          Gaia, con la misma generosidad con que la mariposa se posa de flor en flor y con la paciencia de las flores para esperar su visita; con la providencia con que la Madre Tierra alimenta a cada uno de sus hijos sin dejar que les falte nada y con la prudencia de los pájaros que saben dividir lo que la tierra les da. Con la humildad del agua que está disponible para que todos puedan saciar su sed.  Hija, con esa generosidad, paciencia, providencia, prudencia y humildad que nos muestra la naturaleza, es que tu madre y yo vamos a cuidar de ti y de tu hermanita o hermanito, sin dejar que les falte nada de lo que necesiten; principalmente el amor, a ninguno de los dos. Hija, el amor y el cuidado no se dividen, ellos se multiplican para poder cuidar.
Si la naturaleza cuida de todos con el mismo amor, así también tu mamá y yo vamos a cuidar de los dos dando a cada una conforme lo que necesiten. No te preocupes, pues nada te va a faltar, sin embargo vas a tener que aprender no a dividir y sí a multiplicar. Así como la naturaleza, vas a aprender a ser humilde, paciente y disponible para todos.
-          Creo que entendí papá ¿Las respuestas a todo está en la naturaleza? Preguntó la niña
-           Hay preguntas que deben ser respondidas por ti y no por mí, mi pequeña – dijo el papá.
Al entrar en casa, María los esperaba curiosa.

-          Ella está preparada para recibir a su hermanito – le dijo José.