terça-feira, 7 de abril de 2015

Vicente, el caballo valiente II.



Vicente galopaba tan rápido como podía, con todas las fuerzas que él tenía; pero… ¿Dónde lo encontraría? Sólo sabía que había ido en dirección al bosque. Algo le decía que él no corría por correr, que alguien  o algo guiaba sus pasos.
De repente escuchó los relinchos desesperados de Matías, su amigo; sabía que estaba acercándose y no sabía lo que le esperaba. Cuando llegó vio una jauría de por lo menos doce lobos hambrientos que habían arrinconado al corcel contra una inmensa pared de piedra; él se defendía como podía, estaba parado en las patas traseras y atacando a sus agresores con fuertes patadas que de vez en cuando acertaban con todo en alguno de los lobos, los cuales yacían en el suelo desmayados.
-          Es sólo una cosa de tiempo, no aguantará por mucho tiempo – vociferaba el líder de la jauría

-          ¡Hoy la manada va a alimentarse con abundancia! Decía otro mientras trataba de atacar las patas traseras, con las que el potrillo se afirmaba.


-          Parece que vamos a tener más carne todavía; ¡Miren! ¡Tenemos visitas! – dijo otro de los lobos viendo que había llegado Vicente.
Pero los lobos no tuvieron tiempo de nada pues nuestro héroe ya fue dando fuertes patadas y corcoveos que iban certeros sobre las cabezas de los lobos, los cuales o caían desmayados o corrían despavoridos. Ninguno de los golpes del potrillo se vio desperdiciado, todos fueron directo al blanco, mientras Matías ahora, con menos miedo y en una desventaja menor, también combatía con valentía por su vida.
Después de algunos minutos, la lucha era  sólo contra el líder del bando, pues los otros ya habían huído.
-          ¡Démosle su merecido Vicente! Así él aprenderá a no meterse con ninguno de nosotros.

-          ¡No! ¡Déjalo que se vaya! Ya tuvo lo que merece. Estar en superioridad significa usar nuestra fuerza con justicia, Matías.
Entonces Vicente dio una fuerte patada contra el suelo que levanto una nube de polvo y permitió que el lobo corriese despavorido.
-          ¿ Estás bien amigo mío? Le preguntó Vicente a Matías

-           Sí, pero aun muy asustado. Yo no fui cordial contigo, te llamé de cobarde hace pocos minutos atrás. Tú no has dudado en arriesgar tu vida por proteger la mía ¿ Por qué?
-          Porque obedezco la voz del corazón, como me enseño mi papá. Yo no sé lo que es, pero hay algo dentro de mí que me indica lo que debo hacer, por ejemplo en la hora en que  estaba viniendo a buscarte, alguien guiaba mis pasos y no me perdí. Me sentí lleno de coraje y supe perfectamente lo que debía hacer.

-          ¡Tienes el don de ser líder! ¡No hay duda de que serás un digno sucesor de tu padre! ¡No hay nadie que tenga coraje semejante al tuyo!


-           No exageres amigo mío – Dijo Vicente riéndose, mientras ellos ya caminaban y a lo lejos ya veían al resto de sus amigos los cuales habían ido hasta  la hacienda para buscar ayuda.
Quien estaba al frente de todo el grupo esperando a  Vicente y Matías era Gallardo, quien se notaba ansioso y preocupado.

-          Hijo ¿está todo bien contigo y con tu amigo?¿Qué fue lo que sucedió?

-          Nada papá, está todo bien y espantamos los lobos que estaban próximos  a la hacienda.


-          Gallardo, fue todo culpa mía. Yo insistí con los otros para ir hasta el bosque y el único que se opuso fue Vicente. Él fue hasta allá para defenderme y nunca vi a nadie con tanto coraje y valentía – Dijo Matías.
Durante un buen tiempo no se hablaba de otra cosa en la hacienda y Gallardo era el papá más orgulloso del mundo. Su satisfacción sólo no era más grande que su tranquilidad al saber que ya había un sucesor en el liderazgo de la hacienda, reconocido por todos por su valor y prudencia.

Colorín colorado ¡las historias de Vicente están lejos de acabar!

segunda-feira, 6 de abril de 2015

Vicente, el caballito valiente


 Había una vez en algún lugar una yegua, pero no era cualquiera, era la yegua más bonita de todo el reino  y que se casó con el caballo más vistoso y altanero de toda la región, el cual se decía que había guerreado en las cruzadas y servido a los más nobles caballeros.  De la unión de ellos surgió un hermoso potrillo llamado Vicente.
Pero antes de seguir, entendamos un poco mejor esta historia. Después de haber vuelto de las cruzadas, el papá de Vicente fue vendido a un señor que lo dejó en una linda hacienda para poder montarlo cuando quisiese pasear por sus tierras los finales de semana. En esa hacienda, donde había por lo menos otros cincuenta caballos y muchos otros animales, es donde vivía Clara, la madre de Vicente.
Clara llevaba ese nombre porque era ése el tono de su color, el que dejaba más imponente su belleza. Cuando Gallardo, que era el papá de Vicente, llegó a la hacienda eran muchos los caballos que pretendían el amor su amor, sin embargo, quedaron sin ninguna chance ante la imponencia de este alazán. Desde el momento de su llegada, Gallardo comenzó a ejercer un liderazgo natural no sólo entre los caballos, sino también entre todos los animales de la hacienda y desde pequeño Vicente respiró esta responsabilidad.
-          Hijo mío - le decía su papá -  Si quieres ser un líder tienes que ganarte el respeto y el cariño de todos
Y siempre Gallardo salía junto con su hijo para que él aprendiese como un líder debe comportarse.
-          Debes saludar a todos los animales, conocerlos por su nombre e importarse por sus problemas, hijo mío – le reiteraba su padre
Y era esto lo que veía Vicente todo el tiempo; Gallardo visitaba a los animales más viejos y dedicaba una parte de su tiempo a conversar con ellos, iba a ver a los enfermos, llevaba regalos para los animalitos que acababan de nacer y resolvía pequeños conflictos entre los animales con mucha sabiduría y firmeza.
-          Buenos días doña gallina Francisca ¿Su marido, el gallo José, está mejor de la gripe? Preguntaba  Gallardo mientras paseaba por la hacienda al encontrarse con la gallina, seguida por una camada de pollitos.
-          Sí Gallardo, muchas gracias por su preocupación – respondía la gallina – Veo que el joven Vicente está cada día más parecido con su padre, todos esperamos que sea tan justo, sabio e inteligente como usted Gallardo.
-           Muchas gracias por los elogios doña gallina, estoy seguro que él será mejor que yo, y lo que es fundamental, tendrá un corazón de oro.
-          Eso es lo que todos esperamos – decía la gallina mientras se alejaba con su prole.
-          ¿Te das cuenta de tu responsabilidad Vicente?
-           Sí papá, es una responsabilidad muy grande y no voy a defraudarte.
-          Hijo mío, haz siempre lo mejor que puedas hacer y siempre escucha lo que tu corazón te manda.
-          Eso haré papá- dijo Vicente.
Vicente era un potrillo como todos los otros de la hacienda, los cuales eran sus amigos y con los que le encantaba dar largos paseos al atardecer y terminar el día observando el ocaso en lo alto de una colina. Era una verdadera estampida la que se escuchaba cuando el grupo de jóvenes corceles volvía por los caminos de la hacienda después de haberse divertido bastante.
De entre el grupo, lógicamente que Vicente se destacaba no sólo por su porte majestuoso, sino también por los modales, por la educación y porque siempre, delante de las situaciones de conflicto entre sus pares, era el que conseguía visualizar las mejores soluciones.
En uno de esos días de paseo, cuando llegaron a lo alto de la colina para ver el sol ponerse, que uno de sus amigos sugirió
-          ¿Por qué hoy no hacemos algo diferente? ¿Por qué no atravesamos el río y vamos hasta el bosque donde hay unos manzanos?
-          ¡Vamos! ¡Vamos! ¿Qué estamos esperando? Dijeron los otros potrillos.
-           No me parece una buena idea-  dijo Vicente con mucha prudencia -  Ya anochece y no le hemos avisado nada a nuestros padres. Podemos dejarlo para mañana y vamos más temprano.
-          ¡Lo que pasa es que tienes miedo Vicente! ¡Siempre queriendo ser el caballito perfecto! Vamos chicos, dejen a ese miedoso aquí.- Dijo Matías, que era un potrillo que siempre había sido el mejor amigo de Vicente durante la infancia, pero que ahora que ya eran jóvenes, tenía un poco de envidia de él, principalmente porque era el hijo del líder de la hacienda.
-          ¡No, no es miedo! ¿No sabes distinguir el miedo de la prudencia? – dijo Vicente
El grupo de caballos jóvenes no quiso escuchar lo que Vicente tenía que decir y se fueron siguiendo a Matías rumbo al bosque, mientras Vicente emprendió el camino de vuelta a la hacienda un poco cabizbajo e incomodado. Algo le decía que no debía volver y que debía acompañar al grupo pues se iban a meter en problemas y fue en ese momento en que se acordó de las palabras de Gallardo, su padre: “ Escucha tu corazón”
Y fue lo que hizo. Salió a todo galope rumbo al bosque pues quería alcanzar al grupo lo antes posible. Cuando ya se estaba aproximando, escucho los relinchos de sus amigos y no eran de alegría o algazara, algo muy feo estaba pasando; de repente vio que el grupo estaba galopando muy rápidamente por el camino en dirección a la hacienda.
-          ¡Calma! ¡ Calma! Díganme ¿qué es lo que ha pasado?
-           Fuimos atacados por una jauría de lobos hambrientos
-          ¿Están todos bien? – preguntó Vicente
-          Todos conseguimos huir al parecer, sólo que ahora estoy sintiendo La falta de Matías – dijo otro de los potrillos muy nervioso.
Vicente no lo pensó dos veces y corrió tanto como sus fuerzas se lo permitían para rescatar a su amigo

Querido lector ¿Que te imaginas que va a pasar?

¡Mañana lo sabremos!

domingo, 5 de abril de 2015

Querube la nube y su grande día.





Cuando se espera, parece que el tiempo no pasa. Una cosa es esperar cuando se sabe lo que va a pasar; como por ejemplo, que llegue el primer día de clase ¿Se acuerdan de eso? Dan mariposas en la guatita, pero sabemos que luego  va a llegar el momento. Otra cosa diferente es esperar sin saber muy bien qué, sin embargo, en el interior de Querube, algo le decía que estaba por venir algo grande.
Así fue todo el sábado, nada pasó en la tierra, parecía que todos estaban un poco tristes o por lo menos confusos por la muerte de aquel hombre. Llegó la tarde, la noche y parecía que nada cambiaría; De repente, al final de la noche de sábado, una voz despertó no sólo a Querube, sino también a otras nubes del cielo.
-          ¡Prepárense! ¡Él va a resucitar! Anunciaba repleta de alegría.
Ella ya había oído esta voz a lo largo de estos días, le era familiar y en ese momento ella consiguió identificarla: Era la voz del papito de Jesús, el creador de todo.
Oyendo aquella orden parecía que toda la creación se alegraba y se preparaba para el día siguiente que ya llegaba: los pájaros cantarían de forma más dulce todavía, el agua correría más refrescante y clara por los arroyos, el viento soplaría más fresco y el sol surgiría más brillante.
Entonces apareció un ángel, la criatura más dulce y bella que ella nunca había visto y se acercó a Querube para hablarle.
-          ¿Me puedes ayudar? Tengo que anunciar la resurrección de Jesús y no quiero ir solito. Como sé que tienes un corazón tan bueno y compasivo quiero que me acompañes
-          ¡Claro que sí! ¿Qué tengo que hacer? – Dijo la nube
-          Sólo acompáñame.
Eran las primeras horas del domingo cuando Querube y el ángel bajaron a la tierra; llegaron hasta la entrada del lugar donde estaba el cuerpo de Jesús y vieron la piedra que bloqueaba el acceso y los guardias. Cuando ellos vieron el ángel tuvieron miedo y simplemente el enviado de Dios los hizo caer en un sueño profundo; después de eso hizo que la piedra grande y pesada rodase para abrir la entrada del sepulcro.
Entonces una luz intensa iluminó la entrada y vieron el momento en que Jesús vencía la muerte como quien despierta de un sueño profundo. Él se levantó y caminó hacia ellos; pasando cerca de Querube extendió su mano y le dio la caricia más dulce que una nube podría recibir junto con aquella sonrisa inolvidable que ella había visto en el rostro de aquel mismo hombre en el día en el que había entrado en la ciudad montado en un burrito y siendo aclamado por las multitudes.
Después él desapareció y dentro del lugar quedaron las sábanas blancas con que su cuerpo había sido envuelto.
-          Ángel ¿Puedo preguntarte algo?
-          Claro que sí Querube
-          Si hay tantas nubes en el cielo ¿Por qué yo fui elegida para algo tan especial? ¿O fue sólo una casualidad?
-          Las casualidades no existen Querube, la creación funciona de forma perfecta, todo está articulado; no existe lugar para la casualidad. Tú fuiste escogida para estar aquí.
-          ¿Quién me eligió? Preguntó intrigada ¿Tú?
-          ¡No!  El papito de Jesús.
-          ¿Por qué? Yo no hice nada especial
-          Porque él te ama. Tú eres especial.
Delante de estas revelaciones el corazón de Querube parecía que iba a estallar de tanta alegría.
En ese momento vieron que unas mujeres entraban en el lugar donde había sido colocado el cuerpo. Ellas llevaban frascos de perfumes en las manos y entraron muy asustadas y quedaron mucho más impresionadas cuando vieron la figura resplandeciente de aquel ángel rodeado por aquella nube tan simple, dulce y bella.
-          No tengan miedo, sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado, pero vean que él no está más aquí pues ha resucitado como lo había prometido. Ahora vayan y cuéntenle a sus discípulos. Él ya se encontrará con ustedes – Les dijo el ángel a las mujeres, las cuales salieron corriendo
Después de esto, Querube, sabiendo que era muy especial, subió junto con el ángel al cielo y  permanecen juntos para siempre.
Desde ese día hasta hoy muchas cosas en el mundo han pasado, muchas cosas han cambiado, mucho se ha sufrido. Ha habido muchas personas buenas y muchas otras que no han usado bien su libertad, sin embargo la vida continua dándonos una oportunidad todos los días.
No importa si somos pequeñitos o grandes, si somos una nube, una flor o un niño. Todos somos muy especiales y amados por el creador quien nos tiene reservada una misión muy especial.
¡Qué Él resucite en nuestra vida y en la vida de aquellos que amamos!

¡Feliz Pascua en el Resucitado!

sábado, 4 de abril de 2015

Querube la nube y el tiempo de espera


Hola todos!

Queridos lectores:

En estos días de Semana Santa he optado por escribir cuentos relacionados, y el de hoy es un cuento bien simple y cortito que habla sobre la espera después de la muerte de Jesús y antes del momento de la resurrección. Espero que lo disfruten.

Querube no entendía muy bien todo lo que estaba viendo, era demasiado pequeñita para poder comprender como las personas a veces pueden ser tan malas. ¿Por qué matar a un inocente?
La naturaleza se hizo sentir en el momento de la muerte de Jesús:  La tierra tembló, el cielo se oscureció y las personas tuvieron miedo. Muchos, después de este momento  empezaron a creer que aquel hombre era especial, algunos comprendieron que él era realmente el hijo de Dios.
Nuestra amiga nubecita estaba allí, acompañándolo todo:  Vio cuando bajaron el cuerpo de la cruz, que después lo colocaron en lienzos blancos y que luego lo llevaron al sepulcro y colocaron guardias en la puerta para que nadie quisiese robar el cuerpo.
¿Y ahora? ¿Todo había llegado al fin? ¿Qué esperar? Empezaba para nuestra amiga un tiempo de extrema importancia, un tiempo difícil por el que todos nosotros pasamos alguna vez : El tiempo de la duda, de la incertidumbre, de la inseguridad. ¿Y tú querido lector? ¿Ya te has sentido así alguna vez? ¿Cuándo?
 Y… ¿Qué hacer en estos momentos?   Tal vez la única cosa que podemos hacer es ESPERAR.
Simplemente esperar (lo que no es nada simple) y tener la esperanza que algo muy bueno está por venir. No es fácil pasar por estos momentos, no es simple superar el sentimiento de tristeza, principalmente porque estas circunstancias son tan difíciles y dolorosas que parece que nunca van a pasar.
Fue así que se sintió nuestra amiguita y así que ella vivió estos momentos difíciles, pues ella se encariño con aquel hombre bueno llamado Jesús  al que conoció un día mientras ella paseaba por el cielo solita y vio que las personas se reunían alrededor de él para escucharlo hablar y lo seguían. Ella lo vio entrar en la ciudad y ser aclamado por el pueblo y le pareció que aquel hombre tenía algo diferente, algo especial, algo que iluminaba.

Por eso, cuando lo vio sufrir, al verlo ser ser maltratado e insultado y cuando lo vio morir, ella también sufrió y su corazón de nube se partió de tanto dolor; pero hay una vocecita bien en el fondo que le dice que su tristeza se transformará en alegría. ¿Qué será?

sexta-feira, 3 de abril de 2015

Querube la nube. Un cuento de Viernes Santo


Hola! La idea de los relatos de estos días de Semana Santa es que los cuentos nos ayuden a conversar con nuestros hijso el sentido de lo que se recuerda.
Hoy es el relato de Viernes Santo, por lo tanto acompaña la Pasión y muerte de Jesús.
Cómo son cuentos para niños, recomiendo que los papás lo lean primero para analisar si es conveniente para la edad  de su hijo.



Querube y sus amigas, que ahora eran una única gran nube, fueron acompañando todo lo que estaba pasando. Les parecía extraño que las mismas personas que seguían a Jesús  pocos días atrás; fuesen las mismas que  lo insultaban. ¿Dónde estaban sus amigos? ¡Si ellas pudiesen estar  allá abajo! Ellas sí harían alguna cosa para defenderlo, pues él no había hecho otra cosa a no ser una persona buena.
Nuestras amigas nubecitas no conseguían entender muy bien lo que estaba pasando. ¿Por qué aquel hombre estaba siendo juzgado? ¿Qué tipo de rey creen que es él? ¿Un rey que no tiene nada? ¿Cuál es el peligro que él representa?? Qué delitos el cometió?
Las nubes tuvieron quizás el momento más triste de sus vidas cuando vieron como el ser humano consigue ser tan malo. Ellas nunca hubiesen imaginado que personas consiguiesen sentir placer al ver a otras sufrir. Cuando vieron que Jesús era azotado por los soldados, nuestras amiguitas no podían aguantar tanto dolor y dejaban escapar unas lagrimitas que llegaban a la tierra en forma de gotitas de lluvia.
-          ¿Por qué lo insultan? ¿Por qué se burlan de él? ¿Por qué le tienen tanta rabia? ¿Por qué nadie hace nada? Eran las preguntas de la pequeña nube que no tenían respuesta.
Querube no se había dado cuenta de que ya había muchas otras nubes en el cielo que contemplaban en silencio todo lo que estaba pasando. Ella, siempre tan comunicativa, tan curiosa, con tantas ganas de conocer a las otras nubes, no sentía ni un poco de ganas de hablar. Todo era un silencio absoluto en el cielo. ¿Será que las nubes sienten dolor? Yo no lo sé, pero en ese día, cuando ellas vieron que los soldados hicieron una corona llena de espinas y se la colocaron con fuerza en la cabeza; cuando vieron su cuerpo todo ensangrentado;  cuando vieron que las fuerzas de aquel hombre se estaban acabando, nuestras amiguitas experimentaron, quizás por primera y única, vez el dolor; o por lo menos, aquello que les faltó a todas las personas en ese momento: La compasión.
Había tantas nubes acompañado aquel momento  que el cielo estaba oscuro, Querube era una entre otras tantas que acompañaron el momento en que Jesús cargaba aquella pesada cruz a camino del Monte del Calvario. En ese momento nuestra amiguita se recordó de la sonrisa bonita de aquel hombre que pocos días atrás había entrado en la ciudad montado sobre un burrito  y siendo aclamado por los mismos que ahora lo insultaban. Era el mismo hombre que de tanto sufrir, de tanto ser golpeado e insultado, en ese momento no podía ni cargar con el peso de su propio cuerpo. Lo que era más extraño, vivía todo este sufrimiento en silencio, sin decir nada, sin reclamar.
-          ¡ Miren, miren, es María su mamá! - Dijo una de las nubes que estaba cerca de Querube y todas pusieron atención en el dolor de aquella mujer que trataba de aproximarse de su hijo y no conseguía cargar en el pecho el tamaño de esa angustia.
 Finalmente llegaron al lugar en que Jesús sería crucificado, y las nubes acompañaban todo desde muy cerca. El cielo oscuro, cubierto, triste, era el marco en el que fueron erguidas aquellas tres cruces: La de Jesús y la de aquellos dos ladrones.
-          ¡No es posible! - Gritó una de las nubes- ¿Le van a colocar clavos en las manos y en los pies? – dijo sin creer lo que estaba viendo .
-          ¡Eso es imposible! ¡No resistirá el dolor! Dijo otra que jamás imaginaría que vería una crueldad de ese tamaño.
-          ¿ Por qué hace todo esto? Preguntó una de las nubes
-           ¡Lo hace por amor! Dijo una voz que ninguna de las nubes supo de dónde venía, no   les pareció extraña, pues era dulce, sin embargo en aquel momento, era una voz que estaba quebrada por la tristeza.
No restaba mucho tiempo, no le quedaban muchas fuerzas a aquel hombre. Aquel cielo oscuro, ya casi negro, acompaño la última oración de Jesús hablando con su papito. Pocos minutos después aquel hombre bueno, alegre, simple, respiro profundamente y murió.

En ese instante el cielo entero lloró, la naturaleza se estremeció y las personas sintieron miedo.

quinta-feira, 2 de abril de 2015

Querube, la nube.




Hola:

En estos días de Semana Santa, voy a escribir cuentos que nos ayuden a recuperar y explicar a nuestros pequeños el sentido de estas fechas. No pretendo que sea una catequesis ni una doctrina religiosa y sí una forma de conversar y conocer un hecho que está en la base de la formación de nuestra cultura.


Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy, pero muy distante había una pequeña nube que se llamaba Querube. 
Ella estaba muy pequeñita y solitaria muy alto en el cielo, parecía un copo de algodón que casi no se podía ver desde la tierra. Un día ella se dio cuenta que conseguía ver lo que los hombres hacían aquí abajo, en la tierra; entonces ella se divertía todo el día viendo cómo los humanos se comportaban.
Como estaba solita y no tenía otras nubes para poder hablar en aquel momento, paseaba por el cielo viendo lo que pasaba en la tierra sin poner mucha atención en nada en particular; hasta que un día algo le llamó la atención.
Las personas que, habitualmente, se reunían en las plazas y mercados se empezaron a reunir para escuchar a un hombre y era algo que ella nunca había visto . Mucho más extraño le pareció el hecho de que las personas no sólo lo escuchaban, sino que también lo seguían.
-          ¿Qué será que tiene ese hombre? Se preguntaba a sí misma Querube y comenzó ella también, desde el cielo, a seguir sus pasos.
Ella se preocupó mucho el día en que la multitud era bastante grande y estaba con mucha hambre pues se habían quedado escuchándolo todo el día. Tuvo la impresión de que fue maravilloso cuando aquel hombre multiplicó los panes y los peces ¡Cómo estaban felices esas personas! Nuestra amiguita hasta aplaudió.
Aquél día fue especial para nuestra pequeña amiga también por otro motivo, pues de repente, como por arte de magia, apareció cerca de ella otra nube.
-          ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? ¿Qué haces por aquí? Preguntó Querube

-          ¡Niña! ¡Cuántas preguntas! ¡Y todas de una vez! – dijo la otra nube con espanto – Mi nombre es Rocío y no sé qué hago aquí, de repente me di cuenta de que estaba yyyyyyy… aquí estoy ¿Complicado no es verdad?

-          Jajajajajajajajaja – se rio Querube con aquella intención que tenemos cuando en verdad nunca habíamos pensado en eso y nos parece bastante complicado

-          ¿Quién es ese hombre? – Preguntó Rocío


-          No lo sé, pero me parece que es bueno
Así, desde ese momento Querube no estuvo más sola y ambas nubecitas empezaron a seguir a aquel hombre de día y de noche. ¡Les encantó el día en que él entró en una ciudad e hicieron una verdadera fiesta mientras él andaba al lomo de un burrito y las personas con ramos lo saludaban!
-          Debe ser alguien importante; Tal vez un rey – dijo Rocío

-          No lo creo, los reyes viven en palacios, tienen ejércitos, acumulan riquezas y esas cosas y a él no le veo nada de eso- respondió la amiga


-          ¡Tienes razón! Reconoció la amiga.
Los días pasaron y ellas continuaron acompañado a aquel hombre pues querían saber cómo iba a terminar esta historia y por otro lado, estaban realmente intrigadas sobre quién era.
Días después, ellas vieron cuando junto con sus amigos se reunió al final de una noche para celebrar la Pascua judía. ¡Qué ganas de haber estado allá abajo! Pensaban ambas cuando vieron que todos estaban reunidos, felices, compartiendo el pan y el vino.
En esa noche pasó algo bien diferente, pues de repente, al lado de ellas había tres nubes más
-          Hola - se saludaron las cinco al mismo tiempo
-          ¿Qué hacen aquí? – Les preguntó Querube
-          ¡Qué pregunta más difícil! – dijeron las tres, extrañamente, al unísono – No sabemos, de repente nos dimos cuenta de que estábamos aquí
El diálogo se vio interrumpido pues aquel hombre junto con sus amigos fue a un huerto a hacer oración, y mientras se alejó un poco, sus amigos durmieron.
-          ¡Despierten! ¡Despierten! ¡No lo dejen sólo! - Decían las cinco juntas y fue cuando descubrieron que la voz de las nubes jamás era escuchada por los hombres
En aquel momento algo les pareció diferente al observar la actitud de aquel hombre. Varias veces ya lo habían acompañado en sus momentos de oración en que hablaba mirando al cielo y llamando a su papá (porque las nubes sí escuchan la voz de los hombres) pero, en aquel día, observaron y escucharon algo diferente; era como si él estuviese preocupado y con algo de miedo, pero, de forma bastante extraña, al mismo tiempo confiado.
Instantes después ellas se rieron mucho cuando aquel buen hombre fue a ver a sus amigos y ellos estaban durmiendo; les pareció divertido cuando lo vieron despertándolos y llamando la atención de cada uno; pero, aparentemente,  estaban muy cansados o habían comido mucho pues ni bien él se alejo un poquito, ellos ya estaban durmiendo de nuevo.

Nuestras amiguitas sintieron tanto miedo que hasta se juntaron y se convirtieron en una sola nube más grande cuando vieron que, de pronto, un grupo de soldados entró en el huerto y tomo prisionero a aquel hombre. En ese momento ellas consiguieron escuchar su nombre: Jesús.

quarta-feira, 1 de abril de 2015

Paulita la tortuguita


Desde pequeñita Paulita la tortuguita veía las cosas pasar lentamente y eso no le molestaba; parecía que todo tenía un sabor diferente pues transcurría con más calma, con más tranquilidad.
Ella no entendía cuando oía hablar sobre prisa, sobre estrés o sobre no tener tiempo, pues ella hacía todo con mucha paciencia, disfrutando realmente cada instante, cada uno de sus lentos pasos y el mundo que pasaba a su alrededor.
 Siempre tenía tiempo para comer, para dormir, para conversar con otros animalitos, para ver el sol ponerse y para tantas otras cosas que, según le habían dicho, los seres humanos ya se habían olvidado hacía mucho tiempo, siempre corriendo de un lado hacia el otro. Esos eran los otros seres humanos, pero no la familia de Paulita pues era una familia que vivía con sabiduría.
Paulita no quería ser diferente, ni tener nada diferente, ni estar en otro lugar que no fuese con la familia con la que le había tocado vivir. A ella le encantaba ser una tortuguita y poder cargar su casita para todos los lados; ella sabía que con sus pasos lentos no iría muy lejos durante el día, pero eso no le importaba y siempre exhibía una sonrisa en el rostro. No soñaba con tener muchas cosas, pues si así fuese no cabrían en su casita.
Era una tortuguita de suerte pues vivía en una huerta a la que  había sido llevada cuando era pequeñita. Una tarde de primavera  ella fue comprada en una tienda de mascotas por don Claudio que se la dio de regalo a su hijito Víctor en su primer cumpleaños
-          Para que aprendas a vivir la vida con sabiduría-  le dijo al bebé cuando sacaba la mascota de una caja y parecía que los ojos del pequeño se iluminaban.
Desde ese momento Paulita se transformó en el mejor regalo que un niño podría haber recibido y no era sólo propiedad  del pequeño, pues pasó a ser parte de la familia. Siempre estaba presente en las fotos de la familia y era muy feliz andando por entre las hortalizas en el amplio jardín.
Había partes de la huerta que no conocía pues con su ritmo cadencioso no conseguía llegar muy lejos y, a veces, cuando se proponía ir un poco más lejos; salía Víctor a buscarla y la llamaba, le gritaba, le silbaba hasta que la encontraba. ¡Qué sufrimiento no poder hablar, ni gritar, ni ladrar, ni  nada de eso! Entonces el chico  la cargaba para dentro de casa y ella no podía decirle que no quería volver, que estaba haciendo un viaje de reconocimiento y que aun le faltaba por lo menos un mes para poder llegar a todos los rincones de aquel lugar que  le parecía inmenso.
Paulita se consideraba tan afortunada y sabía que no tenía nada de qué reclamarle a la vida, sobre todo porque ella estaba predestinada a tener una vida larga. No sólo acompañó la infancia de Víctor, sino que lo vio transformarse en un adolescente y luego en un joven. Estuvo presente cuando él presentó a su novia y nunca habría esperado que dos años más tarde entraría en la iglesia en el día del casamiento, pues fue un pedido especial de su amigo. ¡Ella se veía radiante en aquel día siendo cargada en un cestito  junto con los anillos mientras a la iglesia entera le parecía tan tierno y emocionante ese momento!
Luego vinieron los hijos de Víctor y ella estaba allá, como si fuese una nana que jamás conseguiría acompañar el ritmo de los chicos, sin embargo, eso no era necesario, pues no era ella que los acompañaba y sí ellos que acompañaban su ritmo. Muchas veces se veía a los pequeños jugando a ser tortuguitas y andando lento junto con ella por horas y horas.
¿Cuál era el encanto de este animalito? ¿Qué la hacía ser más interesante que los juguetes de última generación, los computadores o la televisión?  Seguramente porque  sabía vivir la vida con simplicidad, calma y alegría.

Tenemos mucho que aprender de Paulita, la tortuguita.